Ladrones del tiempo: Cómo defenderse de
ellos para una mayor productividad.
Los ladrones
del tiempo disminuyen nuestra
eficacia y productividad de forma alarmante.
Alguna vez has hecho un plan estupendo. Y
cuando tratas de ponerlo en práctica todo se te viene encima. Parece como si
todo el mundo se pusiera de acuerdo para arruinártelo.
Los ladrones de tiempo están por todas partes
e incluso por donde uno menos se lo imagina, y son muy diversos.
No es fácil establecer una separación clara a
causa de su origen, externo o interno. De hecho, para bien o para mal, todos
deben recibir la consideración de internos, dado que el problema no reside en
el estímulo, sino en la respuesta.
Tienen una única cosa en común: disminuyen
nuestra eficacia y productividad.
Aunque existe siempre un mayor o menor riesgo
en función del entorno, la importancia de cada uno de ellos está, sobre todo,
en función del perfil profesional.
Serán, pues, los hábitos y actitudes personales lo que necesitarás modificar
para combatir a esos ladrones de tiempo.
Y lo malo es que, como se trata de cosas
relacionadas con tu trabajo, con tus responsabilidades, te sientes obligado a
atenderlas. Y sientes que todas tus previsiones se vienen abajo.
El bueno, el malo y el feo
Por supuesto, algunos de estos ladrones son
buenos, incluso altamente deseables, como cuando te llama un cliente para
ofrecerte un nuevo contrato.
Otros pueden ser a veces buenos, a veces no
tanto. Ahí está uno de los problemas, la dificultad de elegir qué suponen. Una
reunión, una visita pueden ser más o menos importantes que otra actividad. Y
elegir entre ellas no será sencillo.
Pero algunos resultan siempre negativos.
Cambio excesivo de objetivos, hacer varias cosas a la vez, dejar las cosas a
medias, comunicación deficiente.
Te es preciso aprender a defenderte de esos ladrones de tiempo.
Los ladrones más importantes
Tenemos identificados decenas de ellos algunos de los
más importantes son:
•
Interrupciones sin objetivos.
•
Redes sociales y chats sin
objetivos.
•
Teléfono (incluido el móvil).
•
Reuniones sin agendas.
•
Visitas inoportunas.
•
No saber decir NO.
•
Hacerlo uno mismo todo (delegación pobre).
•
Crisis, “incendios”, urgencias.
•
Papeleo (incluido el informático). Planificación insuficiente.
•
Dejar las cosas para luego, prioridad (Indecisión).
•
Despacho atestado.
•
Tratar de abarcar demasiado.
•
Exceso de detalle en simplezas.
•
Etc. etc. etc.
Algunos también para los administrativos, pueden ser:
Como puedes ver, algunos están
interrelacionados. El teléfono o las visitas inoportunas con las
interrupciones, estas con no saber decir NO, con la falta de disciplina, o con
hacer varias cosas a la vez...
No todas las novedades serán rechazables. Del
15 al 20 de los imprevistos que aparezcan serán asuntos de un interés tal que
habremos de atenderlos de inmediato, bien por suponer un serio problema, bien
por ofrecernos una oportunidad.
Pero otra parte cuantitativamente importante
de las novedades que se nos presenten deberán ser rechazadas o demoradas por
tratarse de auténticos ladrones de tiempo, de actividades menos importantes que
las que estamos desarrollando.
Es muy habitual: Creer que los ladrones de mi tiempo
son solo los otros.
Esto no es más que una verdad a medias. Si se
profundiza en el análisis se llega con facilidad a otra conclusión: El problema
es tu respuesta.
Pase lo que pase en tu entorno, está en tu
mano reaccionar de un modo u otro. Puedes evitar muchos de ellos, abortar
otros, reducir unos más y manejar los restantes del modo más conveniente.
Vamos a centrarnos en uno de ellos en
concreto: “Las visitas”... y qué
visitas…
Las visitas
Probablemente no te hayas parado nunca a
pensarlo, pero ¿cuándo aprendiste a atender visitas? Sin duda, de pequeño, en
tu casa, viendo a tus padres.
Estás programado inconscientemente con un
determinado modo de atenderlas. Recuerdas quizás a tus padres comentando, en
una escapada a la cocina:
- Mira la hora que es y los niños sin cenar.
- Pero volvían al salón y ofrecían:
- ¿Otra comida? ¿Otra taza de café? ¿Otro
comentario: la última, sabias qué…?
En tu inconsciente quedó grabado el modo en
que “es preciso” atender a las visitas, aunque resulten inoportunas. Es un
comportamiento universal.
He escuchado a alguna persona decir que sus
visitas se van cuando ellas lo deciden: “¿Cómo las voy a echar?”.
Atender a las visitas inoportunas
La atención a tu visita tiene -debe tener
para ti-, como todo, un objetivo (y si aún no lo tiene defínelo). Algo debes
conseguir (puede ser, simplemente, facilitar una información o que tu visita se
marche satisfecha).
Y si no es así, si se trata de una visita
inoportuna, tu interés –y tu obligación- es quitártela de encima lo más
rápidamente posible. Esto no te exige ser grosero, sino simplemente exponer
desde el principio que estás ocupado (cosa perfectamente esperable y a
respetar) y que dispones sólo de unos minutos.
Por supuesto que después de eso estás
obligado a centrarte en el asunto e ir al grano. Todo lo cual es compatible con
una exquisita cortesía, acompañada de tu mejor sonrisa.
Si la visita es inoportuna, puede serte útil
mantenerte de pié. Es la mejor forma de mostrar tu prisa. Puedes justificarlo
con un “me paso todo el día sentado”. Aunque lo cierto es que no necesitas
justificarlo.
En cualquier caso, si quieres dar fin a tu
entrevista es suficiente con que utilices tu lenguaje
corporal.
Una mirada más o menos subrepticia al reloj
supone un mensaje de aviso.
Y para cortar definitivamente utiliza el
lenguaje corporal: apóyate en la mesa, inclínate hacia delante, y tus
intenciones quedarán patentes si las acompañas de un: “Bueno, entonces”.
Es preciso que el gesto lo realices sobre tu
propio parlamento, cuando seas tú y no el otro, el que habla.
Recuerda para ti, la visita ha terminado
cuando llegas a la conclusión de que:
- Has alcanzado tu objetivo.
- No vas a alcanzarlo ahora.
La transformación
En definitiva tu eficacia y productividad se basa
en saber manejar las acciones que inciden en tu tiempo y de tú responsabilidad
de cómo llevarlas y aplicarlas.
Ladrones del tiempo: Juntas y/o Reuniones
¿Cuáles son los ladrones de tu tiempo?... escribe en un papel y luego a un costado escribe CÓMO puedo DEFENDERME de ese ladrón de mi tiempo y aplícalo con voluntad y perseverancia...
Comenta tu experiencia..


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